¿Qué es la femofilia?

2018-09-14


Nuestra sociedad marca a las personas como hombres o mujeres desde el nacimiento del individuo a partir de sus genitales visibles. La mayor parte de la gente se suele sentir cómodo dentro del papel sexual asignado, pero no es así para todo el mundo. Dentro de estas personas, encontramos el universo del travestismo.

Muchos al pensar en travestis, lo relacionan a un hombre vestido de mujer con tetas y ropa vulgar y dedicándose a la prostitución. La realidad es que los travestis pueden ser tanto hombres como mujeres, son personas a los que les gusta disfrazarse del otro sexo. Un travesti no ha de ser necesariamente un transexual ni homosexual, de hecho, la gran mayoría son heterosexuales. El travestismo suele implicar un deseo del individuo de expresar una discordia existente entre el sexo de cada persona y los roles asignados mientras que en la transexualidad existe una discordancia real interna entre la identidad de género propia y el sexo biológico.

El travestismo se convierte es una especie de juego, puede ser un antídoto contra la ansiedad o la depresión y ayuda a la persona a tener una sensación de paz y tranquilidad. Llevar prendas femeninas para obtener satisfacción erótica no tiene relación con tener dudas sobre su identidad sexual.

Las investigaciones al respecto concuerdan en que el travestismo en una parafilia que se da sobretodo en sujetos heterosexuales. Muchos son varones, casados y con hijos que mantienen su condición en secreto, a veces incluso se lo ocultan a sus parejas. Hay homosexuales artistas que se disfrazan para actuar ante el público, o por puro placer estético, pero no guarda relación con la excitación sexual.

Como conclusión, aunque parezca imposible para la mentalidad de muchas personas que un hombre o mujer pueda considerarse heterosexual y le guste disfrazarse de su sexo contrario es algo que pasa con más frecuencia de lo que muchos creen. Alrededor del 17 por ciento de los hombres casados son hemofílicos.

Así que es una realidad que hay que respetar. Porque diversidad sexual hay tantas como personas